EL ESCRITOR
Allí se encontraba su cuerpo sin vida sobre el escritorio, el cuál había compartido los mejores momentos de su vida y que ahora se convertía en improvisado soporte mortuorio. La sombra se cernió finalmente sobre él, como avecinaban los escritos de su última novela. Escritos algunos que aún permanecían sobre el escritorio. Jamás disfrutó del mundo, el cuál dejó escapar cuando decidió formar parte de este oficio. Plumas, tinteros, libros viejos son el único ornamento de la habitación y son su único legado que no heredará jamás nadie, pues no ha mantenido relación con ser humano desde que encastilló su tormentosa existencia. Una pila de lo que parece ser una novela a la que falta el final es lo más vistoso del cuarto. Un borrador, más bien, que se podía resumir en una 4 palabras que describen una vida tan insignificante: la cultura es tortura
1 comentario
albicah -
buena conclusion, da que pensar, la cultura es tortura...